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Patroclea

Aquileo durmió en lo más retirado de la sólida tienda con una mujer que se había llevado de Lesbos: con Diomeda, hija de Forbante, la de hermosas mejillas. Y Patroclo se acostó junto a la pared opuesta, y tuvo a su lado a Ifis, la de bella cintura, que le había regalado Aquileo al tomar la excelsa ciudad de Esciro. Homero, Ilíada, canto IX
Y ahí se vio claramente, oh Patroclo, que ya llegabas al término de tu vida, pues el terrible Febo salió a tu encuentro en el duro combate. Homero, Ilíada,  canto  XVI

Ifis ordena el penacho de crin que corona el casco, cuyo peso siente como una maldición: Aquileo protegía su cabeza con ese mismo yelmo el día funesto que mató a su padre y a sus hermanos. Patroclo adivina el recuerdo doloroso que atenaza el corazón de la esclava y le dedica una sonrisa que es un bálsamo, pero no la libra de su tarea, porque así lo quiso el Hado. Le gusta y le duele aquella mujer porque su piel tiene el color nítido y el tacto suave de la crema fresca de la leche con que su no…

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