Los amigos de Bach

      A la Grecia Arcaica le debemos nuestro concepto de Destino. En tiempos homéricos el Hado era un lienzo tejido por unas ancianas inmortales, las Moiras, temidas por el propio Zeus. En la Atenas vencida por Esparta el pueblo disfrutaba de la catarsis servida por los grandes trágicos que cantaban la Suerte de hierro frío y amargo que ataba a los mortales. Y, ya por fin, en el crepúsculo del helenismo, alzó su vuelo la Lechuza de Atenea, y el Destino se enredó con la Filosofía, y se cargó de razón y sentido para invitarnos al placer y a la serenidad en los escritos, las charlas y la vida de Epicuro y de Zenón de Citio.
     A los griegos, o más bien, a Aristóteles, le debemos también una idea de la Amistad entendida como una virtud mayor, una excelencia del carácter necesaria para alcanzar esa vida plena que rompe los límites del Destino y nos mide con los dioses. Tengo para mí que Aristóteles acierta y que una amistad que celebra la vida en lo menudo a la vez que se hace cómplice de una concepción del Universo; una amistad gobernada por el reconocimiento mutuo de la libertad; una amistad que estimula la curiosidad intelectual…; una amistad filosófica, dicho de una vez, reconfigura esa concatenación de causas y efectos a la que llamamos Destino, y nos mueve, al menos mientras dura la relación, a una vida que despierta la envidia de los dioses, cuyo Destino está lastrado por la gravedad infinita de un poder omnímodo y una soledad sin alivio.
     Estas razones se hacen carne en las biografías de los grandes hombres. Michel de Montaigne, por ejemplo, un epicúreo apasionado por el contento de sí, calificó de “cabal y perfecta” la amistad que le unió a Étienne de la Boétie, un estoico comprometido con la defensa de la Libertad. La comunión de estas almas bellas fructificó en un epistolario hondo, sencillo y hermoso, y en algunas de las páginas más brillantes de los Ensayos de Montaigne, recién editados por Galaxia Gutemberg en edición bilingüe a cargo de Carlos Yagüe. Si no han leído a Montaigne, tienen ustedes la fortuna de poder descubrir un proyecto intelectual que nace del dolor de la pérdida de un amigo y que se despliega hasta el infinito, porque refleja una conciencia comprometida con una gota de rocío y con todas las estrellas. Y si ya han disfrutado de su lectura, recuerden eso que decía Elias Canetti en El suplicio de las moscas, que “La auténtica vida del espíritu consiste en releer.”

     También se relee el Destino y la Amistad en Bach & Friends. 82 Kupferstiche zur Bach-Biographie, un libro concebido por el Dr. Jörg Hansen y su equipo de la Neuen Bachgesellschaft, responsables de uno de los museos más queridos por los alemanes, la Bachhaus en Eisenach. El volumen recoge 82 grabados de retratos de amigos de Johann Sebastian Bach, comentados brevemente en alemán e inglés, y con atinadas recomendaciones discográficas relativas a los grabados y las historias subsecuentes. El libro en conjunto es un laberinto feliz en el que se entrecruzan príncipes, duquesas, burgueses, poetas, predicadores…, hasta un total de 82 parientes, amigos, conocidos y saludados de Bach, cuyo destino se dibuja, precisamente, en el lienzo tejido por estos personajes que supieron reconocer en el talento del músico de Eisenach la capacidad de cifrar en una fuga a ese Dios del que los teólogos no saben ciertamente nada.

     Tal es el caso de Erdmann Neumeister, quien en su calidad de pastor de la iglesia de San Jacobo de Hamburgo, le negó a Bach el puesto de Kappelmeister, pese a que era, sin duda, el compositor más inspirado y el organista más virtuoso de toda Alemania, y además se lo explicó: “Sin duda usted es el mejor, querido amigo; pero no se trata de eso. De hecho, si se hubiera presentado un ángel a tocar el órgano tal y como lo toca los domingos en el cielo, tampoco le habría concedido la plaza, si antes no la hubiera comprado en dinero contante y sonante.” A partir de esta lección de vida, Neumeister se convirtió en el amigo más cercano de Johann Sebastian Bach y fue gracias a su influjo que el músico más grande de la historia de la humanidad compuso alguna de sus obras más bellas; porque los amigos están ahí precisamente para eso: para sujetarnos a la vida y escribir nuestro Destino, con la complicidad de los demonios mutuos y el puro contento de sí.


Artículo publicado en el diario La Opinión, de Murcia, el 27 de diciembre de 2014

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