La radiación ética del Japón


   No sabemos cuál será el alcance final del sindiós de la central de Fukushima. Estoy seguro, eso sí, de que será mucho menos grave de lo que ocurrió en Chernóbil, por cuanto no me cabe ninguna duda de que el socialismo es mucho más devastador, virulento e insostenible que cualquier terremoto y tsunami juntos, por mucho que se esmere la naturaleza en su locura. El caso, y es a lo que voy, es que las radiaciones nucleares de Fukushima no nos van a alcanzar en ningún caso; pero lo que sí nos llega ya a chorro vivo es una enorme radiación ética que parte del enorme caudal de fuerza moral que atesora este país, o esta cultura, como se quiera.
   Quiero decir que aquí bastaría un apagón de diez minutos para que desvalijásemos El Corte Inglés. Y no me cuesta imaginar a muchos de mis vecinos comiéndose los unos a los otros por mucho menos de la mitad de la que se ha liado en Japón. Comparar estas hipótesis con lo que estamos viendo allí estremece a cualquiera. 
   Tenemos que estarles muy agradecidos a los japoneses, porque su ejemplo nos puede servir para recordar el valor absoluto (económico también, desde luego) que tienen las disposiciones morales, las excelencias del carácter. Japón va a salir de esta crisis a golpe de ética. Tal vez todo esto nos sirva para recobrar parte de la fibra moral, del nervio cívico, de las virtudes públicas y privadas que algún día también formaron parte de nuestro capital colectivo.

Comentarios

  1. De acuerdo contigo, querido Paco. Añado: si el terremoto hubiese sido aquí, y ante la perentoriedad de tener que organizar turnos de trabajo especiales, no quiero ni pensar la previsible actitud de muchos de nuestros sindicatos (que sí la jornada debe ser a tanto, que si el convenio, que si...) o las trabas para sacar a concurso acciones y proyectos, etc.

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  2. Ellos se ríen para dentro, nosotros, para afuera. Yo adoro al pueblo japonés,. Siempre he sentido una gran inclinación por su cultura, su comida, su música, hasta su machismo es más positivo que el nuestro....Pero, imagínate un tsunami aquí y las tiendas abiertas de par en par. Ni pensarlo quiero. Por nadie pase. Besos, don Paco.

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  3. Yo no puedo pensar en Japón de tanto darle vueltas a tu definición sobre la parte francófona de Bélgica.

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  4. Hacen cola con orden y sin alteraciones, no acaparan y dejan para el que viene detrás, y con medio país aún hecho un solar las carreteras rajadas ya están reparadas en pocos días. Eso aquí es ciencia-ficción.

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  5. Ángel, querido, cuídate de los valones. De verdad que me preocupa que estés entre valones

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  6. Señor Giménez de gracia escrituraria, debo decirle que, a lo largo de mis horas reflexionando acerca de España, no he logrado descubrir ese "nervio cívico" de las virtudes publicas y privadas entre mis conciudadanos... HE visto virtudes imperiales [sic], pero republicanas, no sé, me cuesta un poco...

    P.D. No existen virtudes liberales. Me niego a recoocer eso. Es un peligro y una contradicción en los términos. Lo mejor del liberalismo es que es absolutamente formal (si me permite kantianizar este asunto que nada tiene que ver con el post al efecto -al menos de modo directo-)

    Cuídese, caballero de pluma quevedesco-nipona.

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  7. Hace un mes yo habría estado por completo de acuerdo con esta entrada de su bitácora, pero mi perspectiva al respecto cambió bastante, después de leer una reflexión en otra bitácora:

    http://axisorbismundi.wordpress.com/2011/04/01/sobre-los-japoneses-y-la-energia-nuclear/

    (Athini Glaucopis)

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