Vikings

     De aquí a poco estrenan nuevos episodios de la serie que nos ha regalado un buen puñado de hermosos y verosímiles recuerdos de los vikings. Digo “vikings” a sabiendas de que es una soberana pedantería; pero, como a Borges, verter "viking" en “vikingo” me resulta un insoportable ejercicio de casticismo, y prefiero pecar de pedante que de folclórico, así que ya saben. 
     El caso es que me encantó la primera temporada de la serie, por su ambientación, por su rigor histórico, por el buen trabajo de los actores, por lo salvajemente sexi que resulta la protagonista cuando maneja la espada y, sobre todo, por la emoción feroz que empapa la épica de cada uno de los episodios.


     Entretanto, para abrir boca, les dejo aquí una imagen de un gran jefe de los vikings: el Rey Canuto, o Knútr, si lo prefieren; un monarca que gobernó un Reino que casi era un Imperio, pues se extendía por una buena parte de Inglaterra, Escocia, Dinamarca, Noruega y Suecia.
     En la miniatura lo vemos frente al altar de New Minster, en Winchester, y en compañía de la Reina Emma; o, si prefieren, la dama Aelfgifu, quien antes fuera la viuda del enemigo del Rey Canuto, el derrotado rey de Inglaterra Aethelred el Indeciso, un monarca que ha pasado a la historia de la peor manera posible, por más que a nada que se conozca su historia, nos resulte sumamente simpático; pero eso no dice nada ni bueno ni malo del rey Aethelred, porque es sabido que los perdedores suelen despertar la simpatías de todo buen cristiano.
     No ocurrió lo mismo con su viuda. Cuentan las crónicas que la Reina Emma lloró poco y menos sobre la tumba de su primer marido, pero que supo ser muy complaciente para su conquistador viking; como lo fue la Iglesia de Inglaterra, quien reconoció en Canuto a uno de sus grandes benefactores, tras su victoria en la batalla de Ashingdon, el 18 de octubre de 1016. Pero eso no dice nada ni bueno ni malo sobre el rey Canuto, porque es sabido que las grandes damas y los venerables obispos siempre saben ponerse al lado de los vencedores.
     Para quienes quieran saber o mirar más, les detallo que la lámina forma parte de un libro (el llamado Stowe MS 944) que fue escrito y miniado hacia el 1030 y que ahora reposa en la Biblioteca Británica. Lo pueden encontrar digitalizado en este enlace. Les recomiendo que se den un paseo por él, porque es precioso. Y, desde luego, que no se pierdan la serie.

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