Virtudes homéricas

     El verano nos pone homéricos a la gente de las letras. Me llama José Luis Pérez Pastor, un poeta riojano que escribe antiguo y bien medido, y me reta para que me enganche a la red y me someta a un test del portal clásico que promete desvelar cuál es el héroe de la Iliada que más se aproxima a tu persona, que es, como todos ustedes sin duda habrán recordado de sus clases de griego, la máscara con que actúas ante el teatro del mundo. Acepto el reto, me centro, porque esto puede ser serio, y, mientras voy respondiendo a las preguntas, fantaseo con el posible resultado. De primeras, me gustaría reconocerme en Diomedes, el hijo de Tideo; porque es el favorito de Atenea y el único de los mortales que se atreve a enfrentarse a los dioses en combate singular, lo cual me parece la cumbre de la andreia, la hombría, que es una excelencia del carácter muy celebrada por los antiguos griegos y de la que apenan quedan vestigios en este mundo cuya ética la gobiernan los psicopedagogos. La andreia, para entendernos, es la virtud del que combate por delante de sus compañeros; maneja una lanza pesada, de las que obligan a acercarse al oponente para verle la cara, y carga luego con los despojos de los enemigos muertos por su brazo; todo lo cual, ya digo, es virtud hoy extinta, excepto en las mujeres, si acaso, y cada vez menos. También admiro mucho al rubio Menelao, el hijo de Atreo, porque defendía el cadáver de Patroclo, dice Homero, con la tenacidad y la audacia de la mosca, “que por más que la ahuyenten innumerables veces, vuelve siempre a picar, porque la sangre le es agradable”; por eso y porque supo perdonar la infidelidad de Helena, que no es lo sensato, pero sí lo sensible que cabe hacer cuando uno es el esposo de la mujer más bella de este mundo. También quisiera parecerme a Odiseo, a quien envidio los años demorados en la gruta de Calipso; el conocimiento que obtuvo en el Reino de los Muertos; la minuciosidad sangrienta con que se cobró su venganza; y la magia de su logos, con cuyas ingeniosas mentiras logró salvar a los amigos de verse devorados por los cíclopes.

Sarcófago romano (Museo Capitolino, Roma) que recoge la escena de la cacería del jabalí de Calydon

     Ya casi he terminado con la prueba y en el facebook hay varios conocidos que publican sus resultados. Cristina Sánchez, que es mi clasicista de cabecera, confiesa que le ha salido Patroclo Menetíada, un héroe atento con todos, prudente, dulce y valiente, todo lo cual le cuadra a ella de maravilla y me parece un resultado envidiable. Tanto más, cuando concluyo el mío y me dice ser Néstor Nelida, un abuelo atorrante del que se sirve Homero para romper su propio ritmo narrativo y cantar las hazañas de la generación precedente. Que yo recuerde, lo único digno que sabemos de Néstor es que de joven mató al jabalí de Calidón, y degollar un cerdo no es la tarea del héroe, sino el afán propio de los carniceros, un gremio sanguinario al que Tomás Moro expulsó de su Utopía. Publico el resultado de mi test en facebook, como ejercicio de humildad y por si me llega algún consuelo, y María del Mar de Bustos, una muy buena filóloga, me recuerda que Néstor era un sabio y un héroe prudente, y que puedo y debo sentirme orgulloso de mi semejanza con el hijo de Neleo. Del otro lado, Begoña del Cerro, una funcionaria noble que recorre España predicando el evangelio de la Europa Cultural, ahorra en vaselina y me sentencia como la versión griega del Abuelo Cebolleta. El resultado del test, en efecto, es geriátrico sin paliativos y lo único que me consuela es que es el mismo que le ha salido a mi querido poeta riojano. Apañados estamos, amigo; porque lo peor de saber que ahora eres Néstor es recordar que nunca fuiste Ayante Telamónida, a quien cantaron terso, impetuoso, irresponsable e infatigable.

     Cuando eres Néstor sólo te resta ceder la lanza; ofrendar los espejos de tus vanidades en el altar de la diosa que guarda las puertas de los muertos, y beber un vino fuerte a solas con la luna, que es la única que podrá devolverte un reflejo limpio de arrugas y desengaños.

Artículo publicado en el diario "La Opinión", de Murcia, el sábado 5 de julio de 2014, de la serie Los placeres y los días.

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