Israel para la Ciudadanía (II)

Oficiales del ejército israelí en 1950

  Así las cosas y pese a su derrota, los países árabes siguieron combatiendo a Israel, mediante una sucesión constante de atentados terroristas sin precedentes en la historia. Israel se vio forzada a ocupar el Sinaí, en la llamada "Guerra de Suez" (1956), con vistas a crear una franja de seguridad que separara su país de Egipto (que por entonces cobijaba y nutría a las organizaciones terroristas que masacraban a la población civil israelí). Su victoria en esta guerra le permitió forzar una negociación en la que cedió el Sinaí a los Egipcios a cambio de que la ONU desplegara una fuerza de interposición (la llamada UNEF) que ocupó la frontera entre ambos países. Sin embargo, el presidente egipcio, el ultranacionalista y prosoviético, Gamal Abdel Nasser violó los tratados y siguió apoyando abiertamente a las fuerzas terroristas que atentaban contra Israel, lo que le valió el convertirse en el líder más carismático y aclamado del mundo árabe. Alzado sobre ese pedestal de sangre, Nasser encabeza una coalición con Siria y Jordania y, en 1967, exige a la ONU la retirada de las fuerzas de paz, que fueron calificadas como tropas coloniales e imperialistas por los países árabes, así como por todos los países comunistas y socialistas (y, subsecuentemente, por todos los “intelectuales” de la izquierda europea).
  Israel suplicó que se mantuviera la fuerza de interposición; pero la ONU se rindió ante las exigencias belicosas de las dictaduras árabes y comunistas y optó por retirar la UNEF, en lo que constituye el ítem más abyecto en el curriculum de esta desgraciada organización internacional. Acto seguido y una vez comprobado que la ONU no iba a mover un dedo por defender la paz, ni el derecho internacional, ni tan siquiera sus propias resoluciones, los árabes dieron un paso más y bloquearon militarmente dos zonas estragégicas: el estrecho de Tirán y el Golfo de Ákaba, algo que explícitamente violaba los últimos acuerdos de paz ratificados por la Asamblea General de las Naciones Unidas; por si eso no fuera poco, Egipto desplegó sus tropas en el Sinaí y situó más de mil tanques en la mismísima frontera con Israel.
Los "Halcones" de la Guerra de los Seis Días

  Se hacía evidente, pues, que era cuestión de días que los árabes lanzaran la invasión. En esos días los ejércitos árabes contaban con 280.000 hombres (150.000 egipcios, 75.000 sirios y 55.000 jordanos) apoyados por 812 aviones de combate. Israel desplegaba 50.000 soldados y 197 aviones de combate. El estado mayor del ejército israelí comprende que su única esperanza era llamar y armar a los reservistas; actuar con suma inteligencia y capacidad; dar el primer golpe, y no fallar.
Entre el 20 de mayo y el 4 de junio Israel fue capaz de movilizar a 200.000 reservistas (la mayoría de ellos mujeres). El 5 de junio, a las ocho de la mañana inició sus operaciones y en tan sólo seis días destrozó los tanques, desbandó la infantería y no dejó un solo avión operativo de los tres ejércitos árabes. La victoria fue fulminante, humillante y total. Pese a ello, Israel tendió la mano a los vencidos (consciente de ser un pequeño país rodeado de poderosos, numerosos y archifanáticos enemigos) y les ofreció los territorios conquistados, a cambio de un tratado de paz, del retorno de la UNEF y del reconocimiento del Estado de Israel. Los líderes árabes se reunieron en Jartum para dar su respuesta. Y la respuesta fueron los absurdos, arrogantes y famosos Tres Noes: NO al reconocimiento, No a las negociaciones y NO a la paz con el Estado de Israel.
Un grupo de paracaidistas contempla los combates
en la Ciudad Vieja de Jersusalén
A resultas de esto, una vez más, los palestinos habían perdido la oportunidad de conseguir un estado propio: prefirieron seguir obedeciendo a unos líderes terroristas (Arafat y compañía) quienes, a su vez, actuaban al hilo fanático de unos dictadores ciegos, estúpidos y sin juicio (el rey Jordano, y los presidentes de Siria y Egipto).
Años después, los árabes volvieron a intentar exterminar a los judíos en la Guerra del Yom Kippur (1973), y, de nuevo, se estrellaron contra el Tzahal; como se estrellaron con sus estrategias de terrorismo internacional, o en las sucesivas Intifadas, o en la Guerra del Líbano…; pese a ello, Israel persiste en su voluntad de firmar tratados (como el de Camp David), de devolver territorios, de desmantelar asentamientos a cambio de paz…, pero todo es inútil. Mientras los estados árabes no se regeneren en la línea de las democracias liberales, Israel no podrá disfrutar de paz con sus vecinos.
  Entretanto, los europeos, seguimos sin reconocer que Israel es la Civilización y que su frontera es la nuestra. Y nos dejamos fascinar por la atracción del abismo de la derrota y la miseria palestinas.

Comentarios

  1. "Irael es la Civilización y su frontera es la nuestra"

    Hasta que eso no se entienda... ya puedes atiborrar a la gente de "300" que van a seguir mirando al dedo en vez de a la Luna.

    Excelente labor de divulgación, querido Paco.

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  2. No puedo estar más de acuerdo. Lo que es más paradójico es que Israel siempre ha sido objeto de las críticas de los partidos de izquierdas, cuando durante esta época Israel era el único experimento socialista plenamente igualitario. La gran mayoría de esos reservistas y voluntarios lo eran de los Kibbutz Israelíes. Todos ellos no solo compartían sus propiedades sino el hecho de saberse unidos por un mismo destino.

    Por otro lado sabían que con ellos no hacían prisioneros.

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  3. Pues sí, en efecto, lo de los kibuuts es uno de tantos bucles en los que se columpia esta izquierda nuestra, tan de la España Eterna...
    Gracias, amigos.

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  4. Perfecto, Paco.

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