El Archivo y el sufí

     Todos nacemos y morimos en un archivo. Ser civilizado es formar parte de varios expedientes y figurar en más de un registro. Dicho de otro modo, si tu nombre no aparece en un archivo, no eres nada, ni nadie; no estás vivo, ni muerto. Cuando los nazis vieron perdida su guerra en Polonia ordenaron destruir hasta el último papel de los archivos nacionales, con el ánimo de inducir el alzheimer a todo un país y vaciar de sustancia cívica a los supervivientes. Los judíos, tan minuciosos siempre, han ido reconstruyendo poco a poco la documentación que sustenta la dignidad pisoteada por la barbarie nazi y ahora los descendientes de muchos de los masacrados en Auschwitz y Treblinka regresan a Polonia y hacen valer su derecho sobre las propiedades de sus abuelos. De esto trata una interesante novela gráfica, La propiedad, cuya autora, Rutu Modan, emplea con maestría la línea clara y los colores suaves, muy a lo Hergé, para pintar de forma delicada unas historias entrañables en las que los conceptos menores (la familia, las disputas por las herencias, el placer de la seducción, las facturas del rencor…) se entretejen con la Memoria, la Justicia y el Derecho, que son Ideas Mayores que están con nosotros desde los tiempos homéricos, cuando la Memoria era la madre de la Historia, y la Justicia y el Derecho guardaban las puertas que daban paso al Sol que alumbraba a los mortales. Hoy día las tres diosas tienen su palacio en los archivos y es por eso por lo que, cada nueve de junio, celebramos el Día Internacional de los Archivos, para recordarnos que sus depósitos guardan la historia y el fundamento de nuestra dignidad ciudadana.

     Por eso los archiveros son algo así como las tropas de élite de la función pública; porque sin su rigor no somos nadie. Luego los hay como Rafa Fresneda, quien además de un funcionario impecable es un gestor cultural elevable a los altares por sus virtudes milagrosas, puesto que obra día a día el prodigio de desconcatenar el cero absoluto de su presupuesto y convertirlo en exposiciones, flamenco, conferencias, cursos, conciertos, recitales poéticos y otras mil maravillas que se pueden disfrutar en el Archivo Regional, gratis et amore, y nunca mejor dicho.
     La última que ha liado es una exposición que conmemora el cuadringentésimo aniversario de la expulsión de los moriscos, para tristeza de nuestra huerta y fracaso de nuestra Nación, que no supo avenirse con unos españoles que estaban bautizados; pero hablaban arábigo, se negaban a comer tocino y se casaban con sus primas. Los inquisidores de entonces no perdonaban que los moriscos hicieran bueno aquello de que a la prima se le arrima, y si es prima hermana, con más gana. En eso España ha cambiado poco y los psicopedagogos que gobiernan nuestras conciencias transmodernas nos diagnostican una alferecía del alma a nada que nos acerquemos a nuestras primas con la bragueta por delante. Más diagnosticable me parece a mí que los vecinos y los poetas del Siglo de Oro no tolerasen la ausencia de tocino en los pucheros moriscos, como si la esencia de España cupiera en un torrezno.
Recital de poesía sufí en la alberca mora del Museo de Santa Clara


     La única cura posible a tanto prejuicio es darse baños de pensamiento ajeno. Esta semana he podido meter mis cojudeces al remojo del recital de poesía sufí que ofició el profesor Pablo Beneyto junto a la alberca mora del patio del Museo Convento de Las Claras, que es la flor de la ciudad de Murcia y uno de los rincones más ocultos y preciosos de España. Nada más ajeno a mi carácter que el sufismo; pero ante los ecos de esta sabiduría uno entiende que el problema no ha sido nunca la religión, sino algo otro que tiene que ver con la mala sangre y la ceguera ideológica. Dice Ibn Al Arabí: “Mi corazón acoge todas las creencias. Prado es para las gacelas, convento para el monje, templo para los dioses, Kaaba para el peregrino, Tablas de la Torah y Libro del Corán…, pues el amor es la sola religión y mi única fe.” Menos mal que hay archivos donde se guardan palabras como éstas. Y bares donde engatusar a nuestras primas al amor de un buen whisky.

Artículo publicado en el diario "La Opinión", de Murcia, el sábado 14 de junio de 2014, de la serie Los placeres y los días.

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